Luis Riveros se refiere a la quiebra de la U. de La República y a sus consecuencias

La Logia tiene una larga tradición que ahora injustamente aparece manchada”

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Más allá del daño que se causó a estudiantes, académicos y funcionarios de la Universidad de La República (Ulare), la imagen de la Gran Logia también se vio comprometida. Y es que aunque ésta no tuvo vinculación con la gestión y lineamientos de la casa de estudios, sus problemas se traspasaron a la Masonería, siendo fuertemente cuestionada por la opinión pública y afectados.

Por Alejandra Vidal D.

Luis Riveros tiene 59 años y un extenso currículum que sin duda lo ha convertido en un hombre muy atareado e influyente. Además de sus múltiples ocupaciones, entre las que están el dirigir un centro de investigación en la Facultad de Economía de la U. de Chile o formar parte del consejo de la Unesco, pertenece a la Gran Logia, institución que en Chile está presente desde 1862. Pero más allá de esto, y del desconocimiento que puedan tener algunas personas sobre la Masonería, la quiebra de la Universidad de La República (Ulare) involucró a la Logia, aunque ésta claramente nunca quiso que fuese así.

Por esto el ex rector de la Universidad de Chile quiso referirse sobre el tema, explicando desde su punto de vista que la crisis se ocasionó porque no se tuvo en cuenta que hoy en día las universidades tienen que saber financiar sus equilibrios de gastos e ingresos, sobre todo cuando hay deudas. “Las universidades no son solamente una aspiración para proveer buena educación. No es sólo comprometerse con cierta visión del mundo y de la sociedad. Pueden ser un negocio bien organizado y de buena calidad. Yo creo que la Universidad de La República falló en eso, porque se pensó mucho más en que fuese una universidad de compromiso, de una cierta posición filosófica respecto de la sociedad y del hombre, y se alentó a construir un proyecto en base a este idealismo, descuidándose otros aspectos, que en definitiva afectan a los primeros”, afirma Riveros.

A pesar de lo lamentable de la situación y de los costos que tuvieron que pagar los actores involucrados en el suceso, la imagen de la Masonería también se vio comprometida siendo fuertemente cuestionada. Esto porque Jorge Carvajal, ex rector de la Ulare y en su momento Gran Maestro de la Masonería, firmó documentos que avalaron las deudas de la casa de estudios, comprometiendo así a la institución que nunca tuvo ningún tipo de injerencia en el actuar de la universidad.

Estas acciones causaron que a Carvajal se le expulsara de la orden. La decisión fue tomada por Juan José Oyarzún, actual Gran Maestro. Sus argumentos se basaron en el daño que se causó a la Masonería al comprometer el patrimonio de la Logia, siendo que ambas entidades nunca tuvieron que ver una con la otra. Incluso la Gran Logia nunca reconoció a la Universidad como parte de la obra, ya que fue un proyecto de algunos integrantes de la Masonería, pero no fruto de la misma. Cabe destacar que la destitución no sólo se aplicó a Carvajal. Otros masones también fueron expulsados a raíz de su actuar y del desprestigio que causaron. Y es que ante los ojos de la opinión pública y de los principales afectados, la Ulare pertenecía a la Masonería, aunque en la práctica no fuese así. De todas maneras algunos de los fundadores de la casa de estudios siguen perteneciendo a la entidad.

Pero los hechos no sólo repercutieron en la imagen de la orden. También hicieron que sus miembros pusieran en duda algunas de las regulaciones internas de la institución, ya que se utilizaron símbolos de la Masonería en la universidad sin su patrocinio y sin que se hiciesen los respectivos cuestionamientos en su momento. Riveros señala al respecto que “no puede ser que la acumulación de poder del Gran Maestro sea tal que sus decisiones sean incuestionables. Y eso es algo que hay que corregir en la cultura y ciertamente en la organización. Yo por lo menos he visto una reacción en miles de masones. Es una preocupación muy legitima, porque primero se hizo un uso del nombre de la Masonería, lo que constituye realmente una vergüenza para ella, eso costará deshacerlo en el tiempo. La Logia tiene una larga tradición que ahora injustamente aparece manchada con esto”.

Soluciones inviables

A pesar del complejo escenario, en un momento se dijo que el Instituto Los Leones compraría la desmedrada universidad. Pero aquello resultó imposible debido a las enormes deudas y a la incertidumbre sobre el monto real de las mismas. De todas formas, durante febrero del presente año el Instituto trató de ayudar creando un consejo académico que buscaba refundar la universidad, pero con el paso de los días los asesores se percataron que ya nada se podía hacer.

Riveros dice no saber qué ocurrió con todos los alumnos que se quedaron sin clases y sin sus respectivos procesos de titulación, aunque tiene entendido que varios se fueron a otras universidades. Frente a los sueldos impagos de los funcionarios y académicos señala que a algunos se les canceló parte de sus remuneraciones, pero que no maneja con claridad qué ocurrió realmente con los involucrados. Por lo mismo para este hombre resulta sorprendente que el Ministerio de Educación no haya intervenido en el conflicto, ya que cree que éste debiese haber colaborado con el proceso de distribuir a los estudiantes, más que mal porque es la entidad quien finalmente autoriza el funcionamiento de las universidades. “Las universidades envuelven una fe pública, y la fe pública debe ser protegida por el Ministerio, y si éste no ha tomado cartas en el asunto a mí me sorprende porque esto ha llevado a un ajuste que es más doloroso desde el punto de vista de los estudiantes”, concluye.

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