La Relación Del Hombre Con El Poder

Presentación

El tema del poder ha sido, a lo largo de la historia de la humanidad, uno de los problemas fundamentales que ha debido enfrentar el hombre. Desde tiempos inmemoriales, en la sociedad tribal y, hasta nuestros días, el poder y la forma como éste se ejerce han sido preocupación de filósofos y estudiosos.

Las actividades y la vida de los seres humanos transcurren y se desarrollan en diferentes tipos de organizaciones, en ellas se producen relaciones sociales normadas por pautas para que las personas se relacionen entre sí. Así se habla de la “sociedad organizada”. En rigor, en la vida de las personas todo está ligado a la forma que asumen las diferentes estructuras en que está organizada la sociedad.

El análisis de la organización social y de los fines que persigue nos permite adentrarnos en el estudio del poder y de la autoridad que lo ejerce. A nosotros lo que nos interesa es, en verdad, la forma como se ejerce el poder. Las conductas que asumen los individuos que están la cúpula del poder.

El poder es un instrumento que se dan las organizaciones para alcanzar determinados fines colectivos. El papel del líder, sea éste un Jefe de Estado, un Presidente, un Primer Ministro, un líder espiritual, un líder deportivo o el Presidente de una compañía, es mandar, ejercer autoridad.

Un líder tiene verdadera autoridad cuando el poder lo ejerce en armonía con sus dirigidos. Cuando éstos no sienten temor de señalar sus opiniones libremente, sin temer a represalias

No son pocos los líderes a los que el poder los envanece y tampoco son pocos aquellos líderes a los que la falta de control democrático los hace caer en actos de corrupción.

El líder verdadero es aquel que ejerce autoridad, que da ordenes, pero especialmente enseña, educa e instruye acerca de cómo se deben hacer las cosas.

Sin embargo, debemos admitir que el hombre actual impulsado por su voluntad de poder y amparado en los avances científicos y técnicos, se concibe a si mismo como un ser capaz de erigirse en señor del universo y artífice de su propio destino. El hombre se sabe poseedor de fuerzas y elementos suficientes para hacer factible no sólo su manejo de los procesos naturales , si no que también de la transformación de los mismos, a partir de su reordenamiento y producción artificial.

Las siguientes reflexiones no tienen otro propósito que subrayar algunos aspectos en los que se expresa el hombre y su relación con el poder

El Poder y el Dinero

Una de las vías que ha utilizado el hombre para dominar el medio en que se desenvuelve, en un contexto socio-político, ha sido la utilización del dinero. Inventó el dinero como un instrumento que reemplazó al trueque, pero también para satisfacer sus necesidades Pero a medida que corrió el tiempo transformó al dinero en un símbolo de dominio, que sojuzga a los otros, que compra el trabajo, que impone sus proyectos.

El dinero actúa como símbolo abstracto del trabajo. Si bien mantiene el rol de ser el instrumento que le permite satisfacer sus necesidades, también es verdadera la suplantación simbólica que se produce, la que se vuelve real y es el dinero quien trabaja. Progresivamente el trabajo que es lo más noble y característico del ser humano es reemplazado por el lucro

El afán de lucro, utilizado como instrumento de dominio, tiene como fin último extender y afianzar el poder del hombre sobre la realidad en que se desenvuelve. Podría afirmarse que el afán de lucro es sinónimo de afán de poder y expresa una ambición desmedida de posesión y de dominio y podemos comprobar en lo cotidianeidad, que no tiene limitaciones.

El hombre, desde un ángulo trascendental, ha transformado el dinero en ídolo o fetiche y utiliza los medios económicos para adquirir, poseer y dominar los bienes, los valores e incluso la propia voluntad de otros hombres. Obnubilado por el poder económico, su concepción de la vida está regida por lo material. Lo trascendental y lo espiritual pasan a un segundo plano o no tienen mayor importancia. Cada cosa tiene su precio y algunos han sostenido que cada hombre tiene su precio. Todo pareciera ser comprable. En la política, casi no vale la pena el poder que a lo largo de los tiempos ha ejercido el dinero.

Afortunadamente, a lo largo del tiempo han existido y existen hombres que han resistido y aún se resisten a aceptar esa lógica dominante y enarbolan valores tales como la justicia, el bien, la búsqueda de la verdad, el bien de la humanidad, la belleza. Es un ejército de voluntades que se niega a doblegarse frente a los halagos y al poder del dinero. El hombre y sus auténticos valores constituyen una barrera infranqueable y le coloca límite al “dios-dinero”.

Otra detente frente al poder económico, el hombre lo ha recibido ya no solo de vertientes metafísicas si no que de la resistencia que le ofrecen entes como la energía que debe utilizar para poner en marcha sus medios de transporte, para calentar sus habitaciones o para hacer funcionar las fábricas que son las que le permiten generar las mercancías intercambiables con dinero. La energía, los metales, los alimentos y en general todos los recursos del planeta son finitos.

Por cierto, que el dinero, como instrumento de poder y de dominación no puede alterar semejante realidad. Lo único que permanece en el tiempo es el poder de las ideas, de la inteligencia, de los valores como la tolerancia, la solidaridad y la fraternidad.

El Poder y el Medioambiente

Con el supuesto falso de que los recursos del planeta son ilimitados, el hombre de nuestro tiempo se comporta frente a ellos en forma irresponsable creyendo que mientras disponga de dinero y de tecnologías comparables, siempre tendrá asegurado el disfrutar de ellos. La última década, particularmente, ha sido particularmente severa en advertir que la energía, los alimentos, los metales y otros recursos tienden a escasear y a tornar difícil de ser adquiridos a pesar de las disponibilidades financieras.

Frente a la naturaleza se exhibe una actitud de manifiesta prepotencia. Se transparenta un afán de erigirse en un endiosado conductor de todos los procesos naturales. Se cree, el hombre, capaz de transformar y dirigir su curso. Esta voluntad manifiesta una motivación que convierte a la naturaleza en un simple medio o instrumento del cual se sirve el hombre para ejercitar su dominio o poderío.

A pesar de este poder ilimitado que cree poseer el hombre, no le permite a pesar de ejercer su poder sobre la naturaleza; cambiar y alterar, modificar y transmutar, deformar y trastocar, sus procesos, fuerzas y elementos, de modo que se alteren por completo, en forma radical la armonía de los ecosistemas.

La irracionalidad del hombre en su afán de extender su poder ha consentido la desaparición de miles de especies vivientes. La muerte, que es un hecho natural por excelencia, ha signado el quehacer del hombre a lo largo de su historia. Para ejercer el poder ya no en forma metafísica ha inventado las armas, utilizando todos los recursos técnicos a su alcance. Ha construido instrumentos de destrucción que lo han llevado a construir un poder atómico suficiente para hacer desaparecer países enteros en cuestión de segundos.

Frente a este poder parece indispensable que las organizaciones morales, religiosas, filosóficas libren una dura lucha por defender los valores fundamentales de la humanidad y, particularmente, el derecho a la vida de todas las especies vivientes.

Debería generarse una conciencia universal para advertir en la fase de peligro en que nos encontramos. Tal como se está ejerciendo el poder frente a la naturaleza, el hombre está larvando su propia autodestrucción y, en consecuencia, su propia anulación como fuente de poder. Que duda cabe que cualquier “superpotencia” tendría dificultades para gobernar el planeta sobre un cúmulo de cadáveres, de flora y fauna destruidos. Entonces, resulta absolutamente comprensible seguir luchando por la dignidad y los sentimientos de los hombres que se niegan a doblegarse frente a la fuerza, afanes hegemónicos y de conquista de sus semejantes. El derecho y la moral son creaciones del pensamiento racional y no un espejismo y una utopía. De allí la importancia de hacerlos prevalecer por sobre las fuerzas de las bayonetas.

El Poder y la Política

La política tiene muchos significados, pero nosotros la usaremos en el sentido más restringido del término que alude específicamente a la lucha por la elección de los cargos más importantes del Estado, en definitiva es el intento de ganar posiciones para influir en el modo que se ejerce el poder estatal.

Max Weber en sus escritos “Política como profesión” distingue dos nociones de la política, una más restringida que la entiende como todo lo relacionado con la adquisición, la distribución y el ejercicio del poder del Estado. En su versión más amplia, más general, la política tiene que ver con cualquier conjunto de relaciones de subordinación, es decir, de dominio o mando, por un lado, y de obediencia por el otro, aunque no se den en el marco de un Estado ni hagan uso de los recursos del mismo.

Para Foucault los aspectos relacionados con el poder que se presentan en el desenvolvimiento social, no pueden ser referenciados solo y exclusivamente a la estructura económico-política. La importancia de las construcciones culturales para explicar el comportamiento humano de un determinado periodo está presente en toda la reflexión de Foucault: El poder no es concebido bajo una forma única, sino, plural y presente en el comportamiento cotidiano del individuo, la cultura como concepto amplio juega un rol que tiene que ser analizado. En esta visión, Foucault parte de la base de que existen dos esferas donde se consolidan las prácticas, cada una de ellas tiene sus propios mecanismos de legitimación, actúan como centros de poder y elaboran su discurso y su legitimación.

Una de dichas esferas está constituida por la ciencia, la otra, por el contrario, está conformada por todos los demás elementos que pueden definirse como integrantes de la cultura: La ciencia, la educación formal. Lo ideológico, las diferenciaciones de género, las prácticas discriminatorias, las normas y los criterios de normalidad, están dentro de esta segunda esfera. Tanto una como otra con una referencia notoria a un tiempo y un espacio determinado.

En medio de las dos esferas referidas queda una zona intermedia que es donde la cultura puede desprenderse de sus códigos primarios y mostrar lo consolidado como un "posible" entre otros.

Utilizando la genealogía como sistema Foucault llega a la conclusión de que la instauración de la sociedad moderna supuso una transformación sustantiva en la consagración de nuevos instrumentos a través de los cuales canalizar el poder. De manera paralela se construyó un conjunto extenso de discursos que confirieron fuerza y capacidad de expandirse a esas nuevas formas de poder. Este ya no se basa, como en el pasado, en la fuerza y su legitimación religiosa. Dado que como afirma, el hombre, en su actual dimensión es una creación reciente, el poder debe materializarse a través de diferentes formas de disciplinamiento. Es necesario que pase a formar parte del propio ser de cada individuo.

Para Carlos Marx el desenvolvimiento de la economía y de la reproducción material de la vida es el punto de partida de su construcción teórica. En efecto, todo está atravesado por el enfrentamiento de las clases fundamentales de cada modo de producción- Cuando el modo de producción es sustituido por el feudal y éste por el capitalista hay una línea de continuidad que marca un origen y un destino. En Marx la instauración del comunismo, sería el triunfo sobre el uso y distribución de los recursos y también la herramienta para superar los conflictos históricos que caracterizan el desarrollo humano.

Sin embargo, debemos señalar que desde la antigüedad, el tema de la política ha estado vinculado a la cuestión de las diversas formas de poder del hombre. Del griego Krátos, fuerza, potencia, y archia, autoridad, nacen los nombres de las antiguas formas de gobierno que se usan todavía hoy, como: Aristocracia, democracia, plutocracia, monarquía, oligarquía e igualmente todas las palabras imaginadas para designar formas de poder político (burocracia, partidocracia, poliarquía etc.). Aristóteles distingue tres formas típicas de poder con base en el diferente tipo de sociedad en el que se aplica: el poder del padre sobre los hijos, el del amo sobre los esclavos y el del gobernante sobre los gobernados; en esta última el interés con que se ejerce el poder es el político y es en interés de las dos partes involucradas en la relación, es lo que se denomina el “bien común”.

En Atenas (siglo VI a.C.) la ciudadanía la tenían los varones adultos (en edad militar), siempre que fueran hijos de padre y madre ateniense y libres por nacimiento. Esta limitación era muy importante porque la relación libre-esclavos era de uno a cuatro. La plenitud de los derechos políticos – que constituye el contenido mismo de la ciudadanía- no se concedía a los pobres.

Como podemos ver, y según el profesor Luciano Canfora, en la cuna de la democracia, los ciudadanos socialmente más débiles tenían serias dificultades para ejercer la calidad de tales, a pesar que el concepto de ciudadanía predominante en la época clásica consiste en la equiparación del ciudadano con el guerrero. Durante mucho tiempo el guerrero tenía que costearse la armadura y por ello la noción ciudadano-guerrero se equiparó a la de propietario.

La ampliación de la ciudadanía en Atenas está ligada directamente a la necesidad de tener guerreros para su flota y al nacimiento del imperio marítimo. Así, muchos atenienses pobres lograron su calidad de ciudadanos. En todo caso, los grupos dirigentes son siempre los mismos: representantes de la clase alta.

Si queremos definir a la democracia convengamos con Norberto Bobbio, que define la democracia con tres principios institucionales: en primer lugar como “un conjunto de reglas (primarias o fundamentales) que establecen quién está autorizado a tomar decisiones y mediante qué procedimientos”; a continuación, diciendo que un régimen es tanto más democrático cuanto mayor cantidad de personas participa directa o indirectamente en la toma de decisiones; por último, subrayando que las elecciones deben ser reales.

El sociólogo francés Alain Touraine, coincidiendo con Bobbio nos dice que”la democracia descansa sobre la sustitución de una concepción orgánica de la sociedad por una visión individualista cuyos elementos principales son la idea de contrato, el reemplazo del hombre político según Aristóteles por el homos oeconomicus”.

La realidad política actual en el mundo y particularmente en nuestro país es muy diferente al modelo que nos proponen Bobbio y Touraine. En efecto, los partidos políticos, sindicatos, organizaciones gremiales, poderes fácticos, le quitan realidad al pueblo que supuestamente es el soberano; los intereses particulares no desaparecen y en el caso de Chile las oligarquías se mantienen. Touraine nos dice en su libro ¿Que es la Democracia?: “Por último, el funcionamiento democrático no penetra en la mayor parte del dominio de la vida social, y el secreto, contrario a la democracia, sigue desempeñando un papel

importante; detrás de las formas de la democracia se construye a menudo un gobierno de los técnicos y los aparatos”.

Al Estado, nos dice Raymond Geuss en su libro Historia e Ilusión en la Política,”le interesa obviamente presentarse no solo como un agente que desempeña una variedad de funciones y proporciona ciertos servicios, y cuyas órdenes es racional que se tomen en serio sus miembros, sino como un agente que debe ser obedecido categóricamente”

Para mí, el poder en democracia se ejerce cuando está legitimado por el pueblo soberano en elecciones libres e informadas. Una promesa de obediencia o un contrato social solo es posible y coherente si es producto de aceptación explicita y consentimiento.

EL Poder y el Ciudadano

En la Edad Moderna, podemos distinguir los malos gobiernos como: Paternalistas, en que el gobernante se comporta con sus súbditos como si fueran sus hijos y por consiguiente como eternos menores de edad; Despóticos, en que el gobernante trata a los gobernados como si fuera el patrón. Estas, son dos formas degeneradas de aplicación del poder político.

Con el nacimiento del cristianismo y la institucionalidad religiosa que de ella emana, se desarrolla una organización de poder jerárquico. Todo poder que se afirma en la supremacía de la obediencia ciega es anómalo porque permite las tropelías y corrupción que podemos constatar a diario.

La búsqueda de la obediencia y el servilismo no es privativa de los círculos eclesiásticos. En efecto, muchos líderes políticos no aceptan la igualdad en las relaciones políticas y buscan la obsecuencia como respuesta, apartándose con ello del principio básico en torno al cual se estructura la forma democrática de gobierno. Conciben el liderazgo político como una circunstancia que otorga privilegios o prebendas de todo tipo, según lo señaló el destacado escritor y líder político Vaclav Havel, y que les pertenece por ser ellos quienes son, sin darse cuenta que todo líder político lo es tal, por un acto de reconocimiento que le entregan sus seguidores, como lo indica el biólogo Humberto Maturana. Se olvidan que así el liderazgo constituye un servicio a la sociedad y no un estado a partir del cual es válido gestionar intereses particulares por sobre el interés colectivo o público, convirtiendo con ello la política en un espacio privilegiado para “hacer negocios” en los que ellos aparecen siempre como uno de los grandes beneficiados. Peor aún, la sumisión que buscan se traduce casi en la generalidad de los casos en actos de crueldad extrema, como lo demuestra la historia del Siglo XX, caracterizada por los expertos como la más sanguinaria de la Humanidad.

Maquiavelo, en el capitulo XVlll del Príncipe, describe las cualidades que debe poseer quien tiene en sus manos el destino de un Estado, dice que ha de combinar las propiedades del león y del zorro, es decir la fuerza y la astucia: estas son dos características que no tienen nada que ver con el fin del “bien común”, sino que se refieren al objetivo inmediato de conservar el poder, con independencia del uso publico o privado que el gobernante quiera hacer con el poder.

La pregunta es ¿por qué aspiramos al poder político? Dejemos que el citado Geuss nos responda: “Creamos y reproducimos estructuras políticas porque pensamos que tendrán algunas propiedades que deseamos, pero en general entre éstas se contará la capacidad de la institución en cuestión, para producir ciertos efectos o permitirnos conseguir determinados fines”

En nuestro caso, el concepto poder político lo entendemos como la capacidad para realizar cambios en nuestra desigual sociedad y su utilización es parte de lo que llamamos “servicio público”.

Muchos se habrán encontrado con poder de un día para otro y no saben como lidiar con él. La paradoja es que muchas veces el poder destruye a las personas; Las transforma en abusadoras, déspotas –ilustrados o no- que no entienden que el poder se va como llegó: Por obra y gracia del ciudadano que lo eligió o nombró en un cargo de elección popular o en el aparato del Estado.

El antídoto para evitar tantos males es, como enseñan los maestros, reconocer al otro como una persona, que jamás puede ser utilizado como un medio o un instrumento para lograr su dominio, esto es lo que diferencia radicalmente a la voluntad de amor a los semejantes a la voluntad de poder. Esta última chocará una y mil veces con la resistencia que le opone la realidad encarnada en la dignidad del hombre.

Lo genuinamente humano del hombre (su dignidad, su condición de persona, de fin en sí) es lo que trasciende. Allí se expresa lo viviente, lo valioso, la verdad y el deber. Frente a ellos – como a lo humano en su trato con los otros- el hombre debe asumir una posición de activo y fecundo diálogo. Dialogar con lo trascendente , significa escucharlo y respetarlo, pero, al mismo tiempo, interrogarlo y cuestionarlo, a fin de conocerlo y comprenderlo mejor, de hacerlo cada vez más suyo, de concluir en una armonía y en una lógica simbiótica con él.

Los Riesgos del Exceso de Poder

Aunque solemos imaginar a las organizaciones como empresas racionales que persiguen fines que van a satisfacer los intereses de toda la sociedad, hay demasiada evidencia que sugieren que esta visión no encuentra siempre un correlato con la realidad. En efecto, desde los grandes proyectos de construcción de la Antigüedad, hasta la moderna corporación pública o privada, pasando por ejércitos, las iglesias, los sindicatos, los partidos políticos, las instituciones educativas, los medios de comunicación, la mediana y pequeña empresa e incluso en las sociedades familiares, nos encontramos con relaciones de poder asimétricas, las que pueden llegar a adquirir manifestaciones disfuncionales y riesgosas para el bienestar de los miembros de la organización y el de la sociedad.

El analista organizacional Garet Morgan reconoce, sin embargo, que algunas cosas, a lo largo de la historia de la humanidad, han cambiado. El reclutamiento forzoso y la esclavitud que era la manera más frecuente de obtener mano de obra desde la Antigüedad hasta bien avanzado el Siglo XIX, ha dado paso a contratos de trabajo regidos por una legislación laboral que cautela los interese de los trabajadores. El poder del látigo, utilizado por los capataces ha sido reemplazado por supervisores y jefes que no utilizan la coaación física para obligar a los subalternos a cumplir sus funciones.

Los trabajadores ya no laboran para faraones, emperadores, nobles absolutistas o terratenientes abusivos. Trabajan, en la era moderna para accionistas, políticos y grandes y pequeños empresarios movidos por racionalidades económicas vinculadas la urgencia de mantenerse en mercados competitivos y globalizados.

Ahora bien, reflexionando más profundamente, podemos afirmar que uno de los riesgos más fuertes en el ejercicio del poder es la concentración de éste. La concentración del poder político, económico o social. A lo largo de la historia en el plano político se ha dado paso a la existencia de dictaduras de distintos signos. En nombre de la clase obrera se cometieron genocidios y crueldades inenarrables en los socialismos reales. En nombre de la defensa de la cultura cristiana occidental también se han cometido aberrantes crímenes. En la defensa de la pureza de una raza se produjo el Holocausto.

La concentración del poder económico permite hoy el control absoluto de los mercados financieros y productivos en muy pocas manos. Las regulaciones en muchos casos son verdaderos trajes a la medida de los grupos.

En la actualidad, aunque los líderes sean elegidos democráticamente, con la mejor de las intenciones, se observa una tendencia a integrarse a elites que se preocupan básicamente

por la defensa de sus propios intereses y por defender sus posiciones a toda costa. Estas elites se reproducen entre ellas, una y otra vez. En nuestro país, esto es más que evidente.

El poder y el uso racional de la autoridad son factores necesarios para que una sociedad y una organización funcionen. Pero su excesiva concentración puede conducir a formas de totalitarismo inimaginables.

La autoridad ejercida sin control, aún en entidades morales, permite abusos de poder y actos de corrupción de graves consecuencias para la organización y para sus miembros.

Algunas Reflexiones Finales

. El modelo de organización moderna, según Weber, debe descansar en una autoridad legal. En nuestra opinión el poder no puede quedar al líbre albedrío de quién lo ejerce, debe estar sujeto a normas y reglas de control. Cada estructura debe tener un contrapoder.

. Nadie puede estar por encima del soberano que no es otro que el pueblo.

. Las autoridades deben tener plena conciencia que sus actos están permanentemente observados. Es decir, debe haber una supervisión y control de la gestión pública, en forma permanente y sistemática. Debería existir una división del trabajo que asegure una adecuada ejecución de la misión que le ha sido encomendada a una determinada autoridad. También sanciones para aquellas autoridades que no respetan las normas establecidas, por muy elevada que sea su investidura

. Debe existir una completa separación de los bienes que pertenecen a la comunidad y las pertenencias del individuo que desempeña un cargo ejecutivo.

. El individuo que ocupa un puesto no puede apropiarse de éste ni tener derecho sobre el mismo, por muy jerárquica que sea la organización.

. Todos los actos, decisiones, reglas y normas, que emanen de las autoridades deberían ser producto del diálogo permanente con la comunidad organizada. Sólo de esta manera será posible que el hombre y lo trascendente puedan fecundarse mutuamente y de ello depende que lo viviente y lo valioso, lo verdadero y lo debido, así como lo humano y el hombre mismo, alcancen su mutua complementaria plenitud.

. Por mucho magnetismo personal, carisma o personalidad que tenga un líder, no debe quedar exento de que se le apliquen las normas y reglas que rigen en la sociedad. No hay nada más pernicioso para una sociedad que el poder personalista por muy brillante y talentoso que sea un individuo.


. Un líder de verdad es aquel, ya está dicho, que es capaz de educar y formar, pero además de trabajar en equipo, con otras personas en función del bien común.

. En fin, a lo largo de este recorrido por algunas de las aristas de la relación del hombre con el poder, nuestro propósito ha sido mostrar su comportamiento, pero también señalar como frente al fracaso e impotencia para dominar la realidad y colocarla bajo sus designios existen el pensamiento, la racionalidad, la ética, la fuerza del poder moral. En una palabra, los principios y valores que contrarrestan el poder de autodestrucción que germina en el “homus potere”.

SALUD – FUERZA – UNION

AB.

Valle de Santiago, Junio 2008

Bibliografía:

Raymond Geuss “Historia e Ilusión en la Política”

Nicolás Maquiavelo “El Príncipe”

Ananah Arendt “ Que es la Política?”

Aristóteles “Política”

Arend Lijphart “Las democracias Contemporáneas”

Alain Touraine “Que es la Democracia”

Michel Foucault: Textos Varios

Norberto Bobbio “Teoría General de la Política”

Garent Morgan “Las Metáforas de las Organizaciones”

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